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MANUEL MACHADO Y EL FLAMENCO

 

Los escritores, especialmente desde finales del siglo XIX, han mirado al flamenco como un género poético importante, a pesar de algunas opiniones en contra como las de Pío Baroja, Eugenio Noel, y algún que otro escritor de la generación del 98. Son especialmente los poetas andaluces los que más han mostrado una admiración por las letras del flamenco. Dentro de estos, algunos de los que han mostrado gran interés son los hermanos Machado, especialmente Manuel, en el cual me voy a centrar por ser el menos conocido de ellos y, que como veremos, ha dejado buena huella en el flamenco.

Es bien sabido que de casta le venía al galgo. Antonio Machado y Álvarez “Demófilo”, padres de los Machado, fue un gran estudioso del flamenco, uno de los primeros, y un gran recopilador de letras que se cantaban en aquella época. Así que, es notorio de donde le vendría a los dos hermanos el primer contacto con esta música, lo vivían dentro de casa. La lástima es que su padre no obtuviera gran rédito económico de estos estudios, igual que los otros que dedicaba a la antropología y tuviera que buscar el sustento en América, con la mala fortuna que volvería poco después gravemente enfermo para fallecer en Triana.

Como consecuencia de ello, y previniendo el futuro económico de la familia, Manuel es enviado a Sevilla, de la que salió con 9 años para vivir en Madrid, para cursar sus estudios universitarios. Durante este tiempo vivirá en la casa que sus abuelos maternos tenían en la antigua calle Vázquez de Leca, en Triana (barrio flamenco). Además, se conoce que era un asiduo de los cafés cantantes, principalmente del que fundó en 1881 el gran Silverio Franconetti en la calle Rosario (curiosamente, su padre fue el primer autor que escribió una referencia biográfica de este importantísimo cantaor del siglo XIX). Allí, bebería “por no negar mi tierra de Sevilla,/
media docena de cañas de manzanilla”, mientras escucharía a cantaores tan insignes como D. Antonio Chacón, La Serneta, Francisco Lema “Fosforito” o Dolores “La Parrala”, o disfrutaría del baile de La Mejorana. “Casi ”, que diríamos por estas tierras.

Con todo este bagaje que había vivido (también incentivado en la Institución Libre de Enseñanza) y sentido Manuel Machado ya tendría fondo para escribir letras flamencas, pero a él debemos unir la influencia becqueriana, influencia visiblemente  plasmada en el prólogo que este escribe para su amigo Augusto Ferrán con motivo de su libro La Soledad, libro que, por influencia del romanticismo alemán, tiene como base la poesía popular, concretamente la andaluza. Allí, Gustavo Adolfo le dedica elogios a esta poesía como “El pueblo ha sido, y será siempre, el gran poeta de todas las edades y de todas la naciones”, o “Las nuestras [las canciones populares], las de toda Andalucía en particular, son acaso las mejores”. Y, Manuel incluyó la canción popular andaluza, es decir, letras flamencas, en una de las varias direcciones que tiene su poesía.

Escribía el mayor de los Machado en su poema “La copla”:

 

Hasta que el pueblo las canta,
las coplas, coplas no son,
y cuando las canta el pueblo,
ya nadie sabe el autor. […]

Que, al fundir el corazón
en el alma popular,
lo que se pierde de nombre
se gana de eternidad.

 

Pues eso parece perseguir cuando compone letras para diferentes palos del flamenco. Y parece que con algunas de ellas lo consiguió, a pesar de las reticencias que muestran algunos críticos sobre ellas, al tacharlas de demasiado despegadas del pueblo, por lo tanto de lo popular (cosa que se les ha tachado a muchos autores cultos que se han acercado a la producción de poemas para este cante). De este modo, cantaores de la talla de los maestros Antonio Mairena o Manolo Caracol han interpretado composiciones de Manuel Machado. Y también generaciones que cantan en la actualidad interpretan letras machadianas Curro Malena, Calixto Sánchez o Carmen Linares, y ya de las últimas generaciones, puntales del cante como son Miguel Poveda, Antonio Reyes o Pedro “el Granaíno”. Este último no tiene obra discográfica para rastrear estos cantes con letras del poeta sevillano, pero en algunos de los recitales que he podido disfrutar sí que le he oído esta letra (creo recordar que por tientos, aunque Manuel las incluía entre sus tonás), que es una de las que más se interpreta del poeta nacido en la calle San Pedro Mártir:

 

De querer a no querer
hay un camino muy largo,
que todo el mundo lo anda
sin saber cómo ni cuándo.

 

También está muy popularizada esta otra:

 

Es mi niña tan bonita

 que hasta el sol cuando la ve

 amarillea de envidia.

 

o esta:

 

Las que se publican

no son grandes penas,

las que se callan y se llevan dentro

son las verdaderas.

 

 

Pero la interpretación por parte de los cantaores de letras de Manuel Machado no se quedan solo en las escritas expresamente para el cante. Ya sean poemas que dedica al mundo del flamenco, intentando expresar/explicar lo que este género musical tiene de grande (¿quizá sea el germen del grandioso libro Poema del cante jondo de Federico García Lorca?); de esta manera, se interpretan estrofas de  “Cantares” o incluso de la obra de teatro que junto a su hermano Antonio escribieron sobre el flamenco, La Lola se va a los puertos. Ya sean poemas de los llamados cultos (como opuestos a populares), como las estrofas del modernista “Adelfos” que interpreta Juan Peña “El Lebrijano”; o como el impresionista “Canto a Andalucía”, cantado también por el gran maestro de Lebrija; o como el más cercano a la vanguardia “Yo, poeta decadente”, que ejecuta otro grande del cante como es Enrique Morente.

En síntesis, Manuel Machado es un poeta muy importante como continuador de la producción de la poesía popular, y dentro de esta en el flamenco, que arrancó con Augusto Ferrán y su amigo Gustavo Adolfo Bécquer, sirviendo de puente entre estos y la tendencia neopopular que hizo suya la Generación del 27, como ya apuntó José Moreno Villa: “Yo no creo que sin Manolo Machado hubieran conseguido García Lorca y Alberti la desenvoltura y la emoción gitana que consiguieron. A una gran parte de los poetas andaluces nos sirvió de estímulo”.

 

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