Corre el verano de 1976 y en Reino Unido se está viviendo la peor sequía que se recuerda. Londres se rige en su vida cotidiana por las altas temperaturas y las estrictas restricciones en el uso del agua impuestas como edictos reales cuya publicación marcan los capítulos de esta novela como señales de tráfico en los cruces de camino

Robert y Gretta Riordan son las cabezas de una familia de origen irlandés que lleva casi medio siglo afincada en un barrio de Londres donde la vida trascurre pesada, lenta y monótonamente. Una mañana, la monotonía y la rutina se ven extrañamente afectadas cuando Robert Riordan se marcha como cada día a comprar la prensa y no regresa. A partir de ese momento, Maggie O´Farrell pone en marcha una curiosa maquinaria creativa en la que entrega a cada personaje la posibilidad de presentarse a sí mismo intercalando pasajes en los que las voces narrativas diversas, van contándonos quienes son, como piensan y sienten e incluso nos enseñan, sin querer, aquellas cosas que se esconden a sí mismos y van construyendo un alucinante puzzle reversible que dará como resultado la historia de la familia en una de sus caras y el intrincado mapa de las relaciones familiares, humanas, sociales, interpersonales y personales que podría ser aplicable a prácticamente toda la humanidad en la otra.

La meteorología en el Londres de la novela es asfixiante; la atmósfera vital familiar también. Los tres hijos de la pareja, Michael Francis, Monica y Aoife, que han tomado sus propios caminos vitales movidos por una necesidad común, abiertamente reconocida o no,  de alejarse de ese entorno, regresan a él ante la crisis en plena ola de calor atmosférico y familiar para encontrar un escenario en el que reconstruirse y reconstruir sus emociones, concepciones, decisiones, elecciones y autoconceptos de manera tan obligatoria como, a veces, dramática.

Ésta de Maggie O´Farrell es una novela íntima que salta de las banalidades a los más hondos recovecos de las psiques de sus personajes como gorriones en una fuente y bucea en las contradicciones humanas que, de uno u otro modo, todos y todas reconocemos como propias en algún momento de nuestro viaje como lectores y lectoras: los mitos de la libre elección, las mentiras piadosas, la necesidad de volar en libertad y el pánico al abismo, el poder seductor y destructor del autoengaño, la autocompasión, el deseo de salvar a quienes amamos aun a pesar de sí mismos y de nosotras mismas, la necesidad de encajar en un lugar al que no pertenecemos y el odio que nos dispensamos por obligarnos a ello, el autocastigo como herramienta para alejarnos de los demás y de nuestro verdadero ser, la apariencia de normalidad como losa bajo la que esconder nuestro propio esqueleto y sus podredumbres… un universo altamente sofocante donde adentrarse en medio de una pertinaz sequía.

La vuelta a los orígenes, las ventanas abiertas, la brisa del mar salada y sanadora, la frescura de la vida sencilla y sin imposturas, el camino de vuelta al hogar que nunca se construyó son la salida de esta novela fácil y apasionante de leer pero dura de tragar en un solo y tórrido verano.

 

Gertru Vargas

 

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